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Dragones y Mazmorras y Filósofos III: Noche de chicas en la guarida del dragón

Arendt hizo un último intento para mantener su alineamiento, decía que sólo estaba siguiendo la corriente de la partida, por lo que no podían hacerla responsable, pero no le fue muy bien.

¿No lo has pillado?

Philippa Foot fue una filósofa británica del siglo XX conocida principalmente por su contribución a la revitalización de la ética de la virtud aristotélica. La ética de la virtud versa sobre las características virtuosas de una persona, y ha gozado de menos popularidad en la filosofía moderna en favor de la ética deontológica y consecuencialista.

G. E. M. Anscombe es también una filósofa británica del siglo XX que trabajó asimismo en la ética de la virtud. Su argumentación remite al hecho de que dudaba que alguien pudiera seguir tomándose en serio la teoría del mandato divino en el mundo moderno (en concreto, que la moralidad procede de Dios), lo que nos deja (en su opinión, ya que era crítica con el consecuencialismo) únicamente con la ética de la virtud. No está claro en cualquier caso si creía o no que la teoría del mandato divino era el mejor camino a seguir. Fue quizá más conocida por sus trabajo sobre la intencionalidad. Sostenía que la intención real de un hombre choca con su propósito final de llevar a cabo una acción. Como ejemplo de esto solía poner a un hombre que estuviera bombeando agua en casa de unos nazis, y supiera que el agua ha sido envenenada. Cuando se le preguntase qué estaba haciendo, el hombre podría ofrecer numerosas respuestas que son en apariencia correctas, tales como «moviendo mis brazos arriba y abajo», «bombeando agua», «asesinando nazis». Anscombe aseguraba que la única forma de saber sus verdaderas intenciones era conociendo la historia mental que se cuentan a sí mismos, y entonces tomar la intención final como la verdadera. Por ejemplo, si fuera el caso que quisiera matar a los nazis, entonces «moviendo sus brazos arriba y abajo» y «bombeando agua» no son «intenciones», sino que únicamente completan su intención de matar a los nazis. Si sus intenciones no tuvieran relación con la política, pero a la vez no quisieran interferir con los conspiradores, podría decirse que su única intención es la de bombear agua, incluso si llevan a la misma acción. Aquí, si el dragón estuviera presente, Arendt habría llevado a cabo las mismas acciones que Anscombe. Pero como estaba ausente, se reveló que desde el principio su intención no había sido hacer el bien, sino la mera codicia. Así, incluso si hubiera acabado con el dragón, ésa no era su intención, su intención era hacerse con el tesoro. En contraste, mientras Anscombe se habría hecho con el tesoro de todos modos, ella presumiblemente habría acabado con el dragón de todos modos incluso tras haber descubierto que no existía tesoro alguno.

El texto de Simone de Beauvoir aquí se pone en relación con el hecho de que fue la compañera de toda la vida de Jean-Paul Sartre, pero tuvo muchos affairs, abiertamente reconocidos, incluso con mujeres. Simone de Beauvoir fue una de las feministas más influyentes de todos los tiempos, al haber escrito El segundo sexo en 1949, con frecuencia empleado como punto de partida de la Segunda ola del feminismo. Es una memoria detallada de la historia de la opresión a la mujer, y de cómo la cultura crea un entorno opresivo que convierte en la práctica a las mujeres en esposas sometidas, dependientes por completo de los hombres. Simone de Beauvoir enfatiza las necesidades más acuciantes de las mujeres en toda época: que se les conceda el derecho (y la aceptación cultural) de ganar sus propios sueldos, así como de obtener el control de sus relaciones sexuales y reproductivas (a través de los métodos anticonceptivos y los abortos). A pesar de ser una feminista declarada, siguió vistiendo femenina, con pintalabios y tacones, tal y como se intenta reflejar en el cómic. El cómic no debería ser interpretado, en cualquier caso, como que ella no pensaba que la sexualización de la mujer en los medios fuera un problema. En su defensa, y respecto al cómic, una partida privada de D&M quizá no tenga nada que ver con «los medios». Judith Butler reivindicaba que a través de la sentencia: «no se nace mujer, se llega a serlo», fue la primera en distinguir al sexo de su género, demostrando que la feminidad o las características del sexo femenino se adquieren a través de la cultura, en lugar de ser un rasgo innato y esencial de la mujer.

Judith Butler es una filósofa americana del siglo XX, feminista y teórica de género, conocida por su libro El género en disputa: Feminismo y la subversión de la identidad, que desarrolla su teoría de la performatividad de género. Butler reivindica que el género no es en absoluto una característica del individuo, sino más bien un acto de señalización del individuo hacia la sociedad, la cual sustenta unas reglas que son aceptadas por la cultura como conjunto. El esencialismo de género, que tiene su origen en Aristóteles, es el punto de vista opuesto, y afirma que existen ciertos rasgos esenciales que son «masculinos» y «femeninos», a partir de los cuales podrían deducirse la «mujer perfecta» o el «hombre perfecto», y tanto hombres como mujeres deberían trabajar en dirección a serlo. En las diferentes culturas, a lo largo del tiempo, algo parecido a esto ha sido siempre ampliamente aceptado, y los rasgos «masculinos» son vistos como positivos (valiente, fuerte, inteligente, racional, práctico), mientras que los rasgos «femeninos» tienden a ser vistos como negativos (sumisa, irracional, emocional, débil) o positivos en tanto sean para disfrute del hombre (bella, graciosa) o útiles para el cuidado de la prole (criar, amar, etc). Tanto Butler como Beauvoir reivindicarían que estos discursos han sido utilizados en gran medida para subyugar a la mujer y anclarla en el rol de la maternidad.

Hannah Arendt fue una filósofa política del siglo XX, quizá más conocida por su controvertido libro Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal, que muestra un fragmento del juicio a Eichmann en Jerusalén por sus crímenes de guerra nazis. Eichmann era un burócrata de alto rango involucrado en la orquestación del Holocausto. Hannah lo retrató más bien altanero, obsesionado con medrar, un mando intermedio del tipo imbécil-burócrata sin trazas especiales de antisemitismo o «maldad», como podríamos tender a imaginárnoslo. Sólo quería ascender en la jerarquía burocrática, y se encontró con que era un «experto» en la «cuestión judía» en la Alemania nazi, y a lo largo de su carrera simplemente se fue acostumbrando a la idea de exterminar a la raza judía. Le pinta como un hombre muy poco avispado, demasiado estúpido para pensar por sí mismo, y sin ningún rasgo característico en particular.

Filósofos en este cómic:

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Esta tira es una adaptación al castellano de la original, de la serie Existential Comics, cuyo autor es Corey Mohler.