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MANIFIESTO

«No pretendemos cambiar nada de las costumbres de los hombres, pero pensamos demostrarles la fragilidad de sus pensamientos y sobre qué cimientos movedizos, sobre qué sótanos, han construido sus casas temblorosas».

—Antonin Artaud

«Odio la época que me ha tocado vivir, pero no me odio a mí mismo por vivir en ella. Disfruto de la lucha».

—Benjamin R. Tucker

STIRNER (nacida en mayo de 2015), editorial de vida tan corta y sencilla en apariencia, consta de sutiles superposiciones. Es, a la vez, una editorial y un proyecto literario; se propone transformar la vida tanto como vivirla. Defiende un individualismo a ultranza y, al mismo tiempo, aboga por el amor a ultranza.

STIRNER es el hombre y la mujer que no son de fiar por excelencia, porque su palabra de ayer no compromete sus acciones de hoy, ni su palabra de hoy sus acciones de mañana.

STIRNER es el individuo instalado en el centro de la nada una vez desvanecidos todos los espejismos —la nación, la clase social, el Estado, el género, etc—.

El egoísmo de STIRNER, sin embargo, es laberíntico: no conduce a ninguna parte. Es sólo la tabula rasa sobre la que se erige una gran esperanza, siempre distinta para cada uno, pero sobre la que se insinúan invariablemente la figura terrorífica del amor, de la aventura, de lo desconocido y de la fe. Se nutre generosamente de la cicuta de Max Stirner y el conde de Lautreámont para devolver el elixir de Henry Miller, Hermann Hesse, Paolo Sorrentino, Benjamin R. Tucker. Es «el grito de la angustia humana que se metamorfosea en canto de alegría», por usar las palabras de Benjamin Péret.

Sobre la puerta de las oficinas de STIRNER, si algún día las hubiera, nos gustaría colocar el letrero que Isidore Ducasse escribió al inicio de su obra:

«No es bueno que todo el mundo lea las páginas que siguen; sólo algunos saborearán sin peligro ese fruto amargo. Por lo tanto, alma tímida, antes de adentrarte más por semejantes landas inexploradas, dirige atrás tus pasos y no hacia delante».