El no tan salvaje Oeste: un libro excepcional sobre la frontera americana

Recuerdo muy bien las imágenes que recibí del Oeste americano cuando era niño. Películas, series de televisión y libros me convencieron de que el Oeste era un lugar arrebatadoramente salvaje y violento, con guerras y tiroteos como moneda corriente de la vida diaria. Sin duda millones de otras personas han crecido con la misma idea y con su corolario —que el Oeste fue domesticado gracias a la llegada del Estado a la región—.

Adivine qué: es una fábula.

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Stirner responde a sus críticos

Benjamin Tucker comentó en una ocasión de El único y su propiedad que era una obra cuyo redescubrimiento estaba destinado a marcar una época. Envuelta en las pinceladas fantasmales de Léon Spilliaert, la apropiada cubierta a la edición española sugiere la misma impresión estremecedora, como de algo grande. Algunos han querido ver en el autor, Max Stirner, pseudónimo de Johann Caspar Schmidt (1806- 1856), a un solipsista, al escritor del individuo replegado sobre sí mismo, amargado. Pero «el tranquilo enemigo de toda coacción», como lo bautizó Engels, apunta en otra dirección: el blanco de sus críticas es el esclavo de sus fantasmas; los hombres-masa dispuestos a morir por la patria o por la revolución, tan comunes en su época; los que someten sus deseos a una idea superior, de la que ellos sólo son medio y no fin. Stirner es, en el siglo en que se pretendía matar al Dios de la religión, la pluma que se levanta contra los nuevos dioses laicos. En la otra margen del precipicio no queda el solipsismo sino el individuo liberado de fantasmas, El único, ligado a sus semejantes por las pulsiones centelleantes del amor, el deseo, lo prohibido, etc. La obra de Stirner, que inspiró a Nietzsche algunos años más tarde y levantó una enorme polvareda tras su publicación en 1844, despertó las más diversas reacciones entre la crítica, incluido un airado Marx que pretendía pasar a la historia como el sepulturero de su ideario disolvente. En el fragmento de las Recensiones que reproducimos a continuación, traducido directamente del alemán, Stirner responde a muchas de las objeciones y malinterpretaciones de sus críticos, descubriéndonos un pedazo del mundo que yace tras su única obra. Genießen Sie.

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Un Barry Lyndon en la era del vapor

Aunque hubo críticos del capitalismo desde los albores de la Edad Media, Thomas Hodgskin fue el primero en establecer una crítica del capitalismo sirviéndose de las herramientas de la ciencia económica. Aquel giro copernicano inevitablemente habría de influir en Karl Marx y en los escritores socialistas de todas las escuelas, y podría considerarse como la primera puesta en escena del movimiento obrero en el campo de las ideas.

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Heidegger, Rorschach, Robby y otros superhéroes apocalípticos

Vivimos inmersos en una civilización tecnológica. Sabemos los milagros del último cachivache que la NASA ha enviado a lo más profundo del espacio exterior mientras se forman colas cada vez que Apple saca un nuevo aparatejo con diseño made in Jonathan Ive. Y «la máquina de pensar suprema» según Forbes, con ese estilo de presentación de un jugador de fútbol o de Miss Universo que caracteriza a los medios de comunicación dirigidos a las masas, es Raymond Kurzweil, un futurólogo que dirige el departamento de ingeniería de Google.

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Más allá de Murray Rothbard

Quizás el mejor modo de presentar este Manual agorista consista en trazar, siquiera brevemente, sus raíces ideológicas desde el nacimiento del moderno libertarianism americano a mediados del siglo XX hasta la aparición de esta obra en 1987. Hay una imagen que siempre me ha llamado poderosamente la atención: la de Samuel Konkin III a bordo de un viejo Toyota destartalado cruzando las carreteras interestatales que van de Nueva York a California junto a cuatro de sus colegas, libertarios y aficionados a la ciencia ficción como él. Años después, confesaría sobre el viaje: it was right out Jack Kerouac. El episodio no tendría más trascendencia si no fuera porque escenifica el relevo generacional respecto a la quinta de Rothbard y Rand, intelectuales para los que la actividad política consistía esencialmente en una rutina de charlas educadas a través del humo de pipas y cigarrillos acerca de los principios de la economía y de la ética.

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Jeremiah Johnson, el último hombre libre

El mejor Western y el cine de aventuras se aúnan en un film desarrollado en unos parajes de espectacular belleza en donde, eso sí, cualquiera de nosotros no duraría con vida ni dos días. El joven protagonista, de cuyo pasado sólo sabemos que ha luchado en la guerra Estados Unidos-México (1846-1848) y que «huye del resto de los hombres, del barullo de las ciudades, del griterío y la obligación de comunicarse, de las incomprensibles mujeres», decide ganarse la vida vendiendo las pieles de osos grizzlies y castores. Ya sólo con la compañía de su fusil Hawken, sin responder ante el recaudador de impuestos ni ante ninguna otra autoridad, se adentra con la esperanza de prosperar en tan duras tierras.

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