Nocturnidad

Desde hace un par de años, si se quiere saber cualquier novedad acerca de Salem, es lógico dudar en†re buscar en webs y publicaciones musicales o si hacerlo en las esquelas de algún periódico de Michigan. A lo elusivo del carác†er de sus componen†es fuera del ámbi†o de lo privado, en lo que son sus manifes†aciones como banda, hay que sumarle una querencia desmedida por cier†os produc†os químicos que hace que la duda an†es plan†eada †enga sen†ido. A Salem se les conoce una devoción irracional por las drogas es†imulan†es, si bien se da la ironía de que en sus comparecencias en vivo más bien parecen adic†os a derivados de los opiáceos. †res personas hierá†icas cual s†op de †ráfico y con la es†ampa del primer arque†ipo de yonqui que se os venga a la cabeza sobre las que recae la paradoja de que, pese a ese inmovilismo y dejadez ex†remas a varios niveles, en realidad conforman la banda que mejor se ha movido en lo que llevamos de siglo XXI, conjugando un sabio uso de los legados que el presen†e musical va dejando conforme †orna en pasado con algunas innovaciones de esas que convier†en a un grupo igual no en popular pero sí con un cul†o alrededor cuya fe es inquebran†able en†re quienes son fieles de y a la banda. En línea con el género que levan†aron y popularizaron y del que son máximos exponen†es —sin considerarse ellos †al cosa en realidad—, el wi†ch house. Y Salem †ienen más razón que sus fans y que cualquier sordocojo que escriba sobre música, por lo que si algo se pre†ende con es†o es, uno, abundar en unos méri†os que se les vienen negando desde la pura ignorancia, y dos, despegarles la e†ique†a de wi†ch house para pegársela mejor a Simon Reynolds en sus pu†as gafas, que vaya †ela. Conforme se hable de ellos sin recurrir a los aspec†os ocul†is†as se obra lo segundo.

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Oficina y denuncia: Notas acerca de Walden

La noción de que un libro puede llegar a cambiar la vida de una persona está muy arraigada en nuestra cultura, a pesar de que sólo unos cuantos nos revuelvan verdaderamente la sesera. Walden, escrita de la mano del filósofo Henry David Thoreau y publicada en 1854, es una de estas obras. Y no lo digo únicamente tras contrastar mi experiencia personal con la de aquellos que me rodean —que también, para qué vamos a engañarnos—, sino porque la obra es mundialmente conocida por su capacidad de martillear el pensamiento de aquel que la lee, y de abofetear su conciencia: la atemporalidad del libro permite que este nos haga cuestionarnos aspectos esenciales de la vida en el siglo XXI.

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El no tan salvaje Oeste: un libro excepcional sobre la frontera americana

Recuerdo muy bien las imágenes que recibí del Oeste americano cuando era niño. Películas, series de televisión y libros me convencieron de que el Oeste era un lugar arrebatadoramente salvaje y violento, con guerras y tiroteos como moneda corriente de la vida diaria. Sin duda millones de otras personas han crecido con la misma idea y con su corolario —que el Oeste fue domesticado gracias a la llegada del Estado a la región—.

Adivine qué: es una fábula.

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Stirner responde a sus críticos

Benjamin Tucker comentó en una ocasión de El único y su propiedad que era una obra cuyo redescubrimiento estaba destinado a marcar una época. Envuelta en las pinceladas fantasmales de Léon Spilliaert, la apropiada cubierta a la edición española sugiere la misma impresión estremecedora, como de algo grande. Algunos han querido ver en el autor, Max Stirner, pseudónimo de Johann Caspar Schmidt (1806- 1856), a un solipsista, al escritor del individuo replegado sobre sí mismo, amargado. Pero «el tranquilo enemigo de toda coacción», como lo bautizó Engels, apunta en otra dirección: el blanco de sus críticas es el esclavo de sus fantasmas; los hombres-masa dispuestos a morir por la patria o por la revolución, tan comunes en su época; los que someten sus deseos a una idea superior, de la que ellos sólo son medio y no fin. Stirner es, en el siglo en que se pretendía matar al Dios de la religión, la pluma que se levanta contra los nuevos dioses laicos. En la otra margen del precipicio no queda el solipsismo sino el individuo liberado de fantasmas, El único, ligado a sus semejantes por las pulsiones centelleantes del amor, el deseo, lo prohibido, etc. La obra de Stirner, que inspiró a Nietzsche algunos años más tarde y levantó una enorme polvareda tras su publicación en 1844, despertó las más diversas reacciones entre la crítica, incluido un airado Marx que pretendía pasar a la historia como el sepulturero de su ideario disolvente. En el fragmento de las Recensiones que reproducimos a continuación, traducido directamente del alemán, Stirner responde a muchas de las objeciones y malinterpretaciones de sus críticos, descubriéndonos un pedazo del mundo que yace tras su única obra. Genießen Sie.

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Un Barry Lyndon en la era del vapor

Aunque hubo críticos del capitalismo desde los albores de la Edad Media, Thomas Hodgskin fue el primero en establecer una crítica del capitalismo sirviéndose de las herramientas de la ciencia económica. Aquel giro copernicano inevitablemente habría de influir en Karl Marx y en los escritores socialistas de todas las escuelas, y podría considerarse como la primera puesta en escena del movimiento obrero en el campo de las ideas.

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Heidegger, Rorschach, Robby y otros superhéroes apocalípticos

Vivimos inmersos en una civilización tecnológica. Sabemos los milagros del último cachivache que la NASA ha enviado a lo más profundo del espacio exterior mientras se forman colas cada vez que Apple saca un nuevo aparatejo con diseño made in Jonathan Ive. Y «la máquina de pensar suprema» según Forbes, con ese estilo de presentación de un jugador de fútbol o de Miss Universo que caracteriza a los medios de comunicación dirigidos a las masas, es Raymond Kurzweil, un futurólogo que dirige el departamento de ingeniería de Google.

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