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Ambientado en las colinas, los pueblos y viñedos del Piamonte, El diablo en las colinas narra la historia de tres jóvenes durante lo que parece ser su último verano. Entre caminatas, veladas nocturnas y baños de sol, la novela se adentra en la vida de estos jóvenes en el momento exacto en que sienten, como todos los jóvenes de su edad, el deseo incontenible de superar los límites, que muy pronto se encarnará en el encuentro fortuito con un joven aristócrata y su dudoso círculo de amistades.

El diablo en las colinas es una obra de pasiones y de melancolías, una celebración de la vida profundamente italiana. Hay algo más que las aventuras de tres jóvenes; se trata de un libro acerca de los árboles, los arroyos y los sembrados, de las colinas del Piamonte y las plazas porticadas de Turín, y también acerca de las carreteras y los pueblos, los hombres y las mujeres y los ancianos, las botellas de vino y los fusiles de caza, el hedor a estiércol, a sangre y a pólvora. Una obra que recuerda al mejor Scott Fitzgerald y anticipa el mundo cinematográfico de Federico Fellini y Paolo Sorrentino. El gran maestro de la literatura moderna italiana en una de sus mejores obras.

Consulta la ficha completa en nuestro catálogo.

Ambientado en las colinas, los pueblos y viñedos del Piamonte, El diablo en las colinas narra la historia de tres jóvenes durante lo que parece ser su último verano. Entre caminatas, veladas nocturnas y baños de sol, la novela se adentra en la vida de estos jóvenes en el momento exacto en que sienten, como todos los jóvenes de su edad, el deseo incontenible de superar los límites, que muy pronto se encarnará en el encuentro fortuito con un joven aristócrata y su dudoso círculo de amistades.

El diablo en las colinas es una obra de pasiones y de melancolías, una celebración de la vida profundamente italiana. Hay algo más que las aventuras de tres jóvenes; se trata de un libro acerca de los árboles, los arroyos y los sembrados, de las colinas del Piamonte y las plazas porticadas de Turín, y también acerca de las carreteras y los pueblos, los hombres y las mujeres y los ancianos, las botellas de vino y los fusiles de caza, el hedor a estiércol, a sangre y a pólvora. Una obra que recuerda al mejor Scott Fitzgerald y anticipa el mundo cinematográfico de Federico Fellini y Paolo Sorrentino. El gran maestro de la literatura moderna italiana en una de sus mejores obras.

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El diablo en las colinas

− Índice

PRÓLOGO · El paisaje de un escritor italiano, por Víctor Olcina

El diablo en las colinas

El paisaje de un escritor italiano

El paisaje de un escritor italiano

VÍCTOR OLCINA

El pueblo se hace ciudad,
la naturaleza se hace vida humana,
el niño se hace hombre.
—Cesare Pavese

El pueblo se hace ciudad, la naturaleza se hace vida humana, el niño se hace hombre.
—Cesare Pavese

Al día siguiente, cuando lo encontraron, Cesare Pavese yacía tumbado plácidamente en su habitación del hotel Roma, en Turín, con los párpados caídos y la mesita de noche abarrotada de libros. Había tomado diez cápsulas de somníferos y estaba muerto. Antes de morir, sin embargo, se había tomado la molestia de escribir una nota y de esconderla entre las páginas de uno de sus libros, y el mensaje concluía con una pequeña broma:

No chismeéis demasiado.

Incluso en el momento de poner punto y final a su vida conservó la capacidad de ver las cosas con cierta sorna y distacco.

Abandonó el mundo un poco fatigado y un poco decepcionado, después de publicar una amplia colección de novelas, poemas y cuentos, y en el momento en el que comenzaba a gozar de un reconocimiento internacional incontestable. Hoy es sin duda admirado y leído como el gran escritor italiano del siglo XX, creador de un estilo personal y moderno, y maestro de toda una generación que incluye a hombres y mujeres brillantes de la talla de Italo Calvino y Natalia Ginzburg.

Cesare Pavese (1908-1950) nació en Santo Stefano Balbo, un pequeño pueblo en la colina del Piamonte, pero transcurrió gran parte de su vida adulta en la ciudad de Turín. Allí vivió como un adolescente, y sus días fueron, como los de los adolescentes, larguísimos y llenos de tiempo. Sus amigos lo describen como un hombre jovial e hiperactivo, que supo encontrar el tiempo de estudiar y de escribir, de ganarse la vida y de deambular por las calles de Turín. Como Louis-Ferdinand Céline, Pavese esperaba de la noche torinese cierta revelación última. Al mismo tiempo, nunca dejó de sentir una enorme atracción por sus orígenes campesinos, por el mundo ancestral de los aldeanos, por la misma naturaleza indómita y salvaje que se encontraba en las páginas de los grandes escritores norteamericanos a los que tanto admiraba, como Walt Whitman, Herman Melville o Sherwood Anderson.

Escribió El diablo en las colinas entre el 20 de junio y el 4 de octubre de 1948, inspirado por sus encuentros reales con el joven conde Carlo Grillo, a quien había conocido después de la guerra [1]. El libro vería la luz al año siguiente, publicado por la casa Einaudi como la segunda parte del tríptico La bella estate [2] (que componen la novela homónima, El diablo en las colinas y Tra donne sole). Ganaría el premio Strega —el mayor reconocimiento literario italiano— en 1950.

Ambientado en las colinas, los pueblos y viñedos del Piamonte, El diablo en las colinas narra la historia de tres jóvenes durante lo que parece ser su último verano, que transcurre al paso de sus caminatas, sus veladas nocturnas y sus baños de sol. Fascinados por el encuentro con Poli, un aristócrata algo más mayor que ellos, los tres jóvenes se dejan seducir por el mundo de éste, y muy pronto se ven envueltos entre su círculo de amistades, sus ideas y sus adicciones. Es una obra acerca de la última juventud, la pérdida de la inocencia y la corrupción, así como acerca del castigo natural que la vida impone sobre los más ingenuos y los más inermes. Pero es también, sencillamente, un libro acerca de la belleza del paisaje italiano: en él están los árboles, los arroyos y los sembrados, están las colinas del Piamonte y las plazas porticadas de Turín, y también las carreteras y los pueblos, los hombres y las mujeres y los ancianos, las botellas de vino y los fusiles de caza, el hedor a estiércol, a sangre y a pólvora.

Ambientado en las colinas, los pueblos y viñedos del Piamonte, El diablo en las colinas narra la historia de tres jóvenes durante lo que parece ser su último verano, que transcurre al paso de sus caminatas, sus veladas nocturnas y sus baños de sol. Fascinados por el encuentro con Poli, un aristócrata algo más mayor que ellos, los tres jóvenes se dejan seducir por el mundo de éste, y muy pronto se ven envueltos entre su círculo de amistades, sus ideas y sus adicciones. Es una obra acerca de la última juventud, la pérdida de la inocencia y la corrupción, así como acerca del castigo natural que la vida impone sobre los más ingenuos y los más inermes. Pero es también, sencillamente, un libro acerca de la belleza del paisaje italiano: en él están los árboles, los arroyos y los sembrados, están las colinas del Piamonte y las plazas porticadas de Turín, y también las carreteras y los pueblos, los hombres y las mujeres y los ancianos, las botellas de vino y los fusiles de caza, el hedor a estiércol, a sangre y a pólvora.

La influencia de la literatura norteamericana es patente a lo largo de todo el libro, y cualquier lector perspicaz puede encontrar correspondencias interesantes con The Great Gatsby de Francis Scott Fitzgerald y The Sun Also Rises, de Ernest Hemingway. Sin embargo, hay en la novela un sabor profundamente italiano, algo que sólo un buen conocedor de los secretos de su propia tierra puede plasmar sobre el papel: en pocas palabras, la vida detenida de Italia, los destellos fugaces e inconstantes de esa belleza que los italianos llevan siglos tratando de capturar en cada una de sus obras de arte.

Notas al pie

[1] Carlo Grillo se había destacado como piloto en la aviación italiana durante la Segunda Guerra Mundial, período en el que había tomado contacto por primera vez con la cocaína. Pavese frecuentó su residencia del Greppo de Moncalvo desde el final de la guerra hasta su muerte en 1950. Para un lector italiano de la época, la historia personal de Carlo era tan reconocible en el personaje de Poli que, después de la publicación de El diablo en las colinas, Carlo Grillo escribió su propio libro para matizar algunas cuestiones y dar su propia versión de los hechos, titulado Il quarto ragazzo (El cuarto muchacho).

[2] Las tres novelas, aunque agrupadas, son independientes y están ligadas sólo por cierto ambiente y cierta temática.