¡YA EN PREVENTA LA COLECCIÓN EN TAPA DURA DE CÓMIC EXISTENCIALES!

Un Barry Lyndon en la era del vapor

Nota: éste es el prólogo que abre nuestra publicación en papel En defensa del trabajo, de Thomas Hodgskin.

Aunque hubo críticos del capitalismo desde los albores de la Edad Media, Thomas Hodgskin fue el primero en establecer una crítica del capitalismo sirviéndose de las herramientas de la ciencia económica. Aquel giro copernicano inevitablemente habría de influir en Karl Marx y en los escritores socialistas de todas las escuelas, y podría considerarse como la primera puesta en escena del movimiento obrero en el campo de las ideas.

En efecto, Thomas Hodgskin (1787-1869) era él mismo un obrero: su padre había trabajado toda su vida en los astilleros de Chatham, al sureste de Londres, y estrecheces económicas le obligarían a enviar al joven Thomas a servir como grumete en la Marina británica con tan sólo doce años. A partir de entonces, su vida transcurre como un pasaje de Barry Lyndon: la guerra contra Napoleón le ofrece la oportunidad de distinguirse y medrar hasta el rango de lugarteniente, viajar alrededor del globo y dedicar sus largas noches de guardia en alta mar a reflexionar sobre los problemas que más tarde ocuparán toda su energía. Si algo lamenta de esta época, dirá más adelante, es que le impidió formarse debidamente. A pesar de sus doce años de servicio, el carácter de Hodgskin se adapta mal a la disciplina naval; su determinación a «resistir con obstinación toda opresión de que era víctima», como dirá en 1813, le granjea severos castigos, que describe en An Essay on Naval Discipline (1813) y le abocan a abandonar el servicio militar. A su vuelta a la vida civil, Hodgskin emplea la media pensión que le había sido concedida para cultivar el intelecto. En Londres traba amistad con Francis Place, quien le introduce en el círculo de liberales londinenses, un grupo selecto que incluía algunas de las mentes más ilustres de su tiempo, como Jeremy Bentham, James Mill y el anciano William Godwin, pionero del anarquismo filosófico.

Es en este período cuando termina de forjar su pensamiento. Hereda de los economistas clásicos el recelo hacia el gobierno y la defensa del orden social espontáneo que nace de la propiedad privada, el intercambio voluntario y la armonía natural de intereses. En Travels in the North of Germany (1820) comenta incluso que «la prosperidad de una nación está en proporción inversa al poder y a la intervención de su gobierno», y entre 1846 y 1857 colabora como editor para The Economist, vocero por excelencia del librecambismo británico. Sin embargo, ello no le impide tomar partido por la lucha de los trabajadores desde posturas incluso revolucionarias. En 1823 funda el Mechanic’s Magazine, una revista pedagógica dirigida a educar a la gran masa de trabajadores industriales de la capital inglesa, y en 1824 cubre como reportero parlamentario los debates en la Cámara de los Comunes acerca de las Combination Acts, que prohibían la actividad sindical de los trabajadores para exigir mejores salarios y menos horas de trabajo. Es en ese contexto de profunda conflictividad social en que Thomas Hodgskin emprende la redacción del siguiente ensayo, En defensa del trabajo contra las pretensiones del capital (1825), dedicado a argumentar la tesis de que sólo el trabajo es fuente de riqueza y que, por tanto, a él debe corresponder su producto.

¿Era Hodgskin, en cualquier caso, un socialista? Murray Rothbard ha sostenido que sus ideas oscilaban más bien entre el liberalismo radical y el anarquismo individualista. Pero algo así es difícil de sostener: él siempre rechazó el apelativo de anarquista y, de hecho, como se verá en el texto, reservaba una función reducida pero esencial al Estado. Su afinidad con el liberalismo es no obstante incuestionable: leyó con fruición a Smith, Ricardo, Mill padre y tantos otros, además de colaborar asiduamente con el mencionado The Economist. Sin embargo, la originalidad de Hodgskin radica en haber sido el primero —junto a William Thompson— que tomó los conceptos de la economía política liberal para atacar los cimientos del capitalismo. Es en ese sentido que el apelativo «socialista» adquiere significado, si bien con matices. De la teoría del valor trabajo desarrollada por Adam Smith y David Ricardo, según la cual el valor de toda mercancía está en relación con el trabajo que ha costado producirla, Hodgskin dedujo que los beneficios del capitalista derivan de pagar al trabajador por debajo de lo que realmente produce. De acuerdo con ello, los capitalistas drenan la riqueza de un país en perjuicio de la gran masa de trabajadores, y para remediar esta circunstancia Hodgskin propone una tercera vía entre liberalismo y comunismo —que ya por entonces sostenía William Thomas, anticipando en varias décadas el debate legendario que sostendrían Proudhon y Marx—: la toma de los medios de producción por parte de los trabajadores con la finalidad de lograr un mercado libre gestionado por los trabajadores mismos. Aquella propuesta, que constituye la gran contribución de Thomas Hodgskin al debate moderno y que podríamos describir como «socialismo de mercado» o incluso «mutualismo» avant la lettre, habría de influir indudablemente en el radicalismo de Proudhon, Benjamin Tucker y muchos otros.

La edición española que presentamos a continuación ha sido traducida directamente del original inglés, tal como fue publicado en 1825. En esta fecha el orden gremial y artesano todavía no había perecido de una vez por todas, y Hodgskin emplea con asiduidad los términos master (maestro) y journeyman (oficial), que se refieren al rango de los artesanos en la antigua jerarquía gremial, para referirse a patronos y obreros. Debido a que conservar tal vocabulario sería confuso e incomprensible al lector hispanohablante de nuestros días, hemos preferido en su lugar los términos «jefe» o «capataz» y «trabajador» u «obrero» en uno y otro caso. Por lo demás, hemos creído conveniente añadir cierto número de notas a pie de página para aclarar, explicar o corregir el texto original. Esperemos les sean de utilidad y enriquezcan su lectura.

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