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Enric Durán: «Los cambios políticos del futuro vendrán de formas descentralizadas»

El gobernador civil de Barcelona solía decir a principios de siglo que, en la ciudad, la revolución no estaba preparándose «por la sencilla razón de que está siempre lista». Enric Durán (Vilanova i la Geltrú, 1976) no desentonaría en aquella urbe chispeante que Europa conocía como la Rosa de Fuego debido a los atentados anarquistas, y que contaba entre sus héroes populares a atracadores de bancos, sindicalistas y románticos condottieri de los bajos fondos como Buenaventura Durruti o El noi del sucre.

El 17 de diciembre de 2008, Durán anunció haber contraído préstamos bancarios por valor de casi medio millón de euros que no tenía intención alguna de devolver; su plan era repartir los fondos entre movimientos sociales y proyectos autogestionarios. Tampoco quería perder la ocasión para denunciar los privilegios y ventajas legales de las élites financieras. Después de aquello, Durán se ha ganado el apelativo de Robin Hood o Robin de los bancos, dieciséis entidades financieras le han denunciado por estafa y se enfrenta a desproporcionadas penas de prisión. Hoy, tras no comparecer a juicio ante la Audiencia de Barcelona, se encuentra en paradero desconocido. A pesar de la precariedad de su estatus legal, no ha dejado de trabajar incansablemente y desde la distancia en el desarrollo de la Cooperativa Integral Catalana (CIC), una iniciativa «transnacional y en transición para la transformación social desde abajo mediante la autogestión, la autoorganización y el trabajo en red». Bien pertrechada en términos financieros y humanos, la CIC ha ido expandiéndose hasta plantearse la compra de polígonos industriales enteros —en 2012 adquirió uno en Cabrera d’Anoia por 400.000 euros, que ahora funciona como colonia de producción ecológica y cooperativa— o la compra del dominio digital del periódico Público, finalmente frustrada. Lejos del héroe romántico que esperaba encontrarme, Enric Durán es un hombre cerebral y sosegado, racional y creativo a un tiempo, con una visión preclara de la sociedad que espera alcanzar, y que incluye desde criptomonedas hasta sistemas de reputación inspirados en Internet para gestionar los problemas de una economía comunitaria. Su desaparición a ojos de la policía no nos impide hablar con él sobre su experiencia vital, sus nuevos proyectos, el futuro de los movimientos sociales y mucho más.

Víctor: ¿Mereció la pena?

Enric: Por supuesto, la Cooperativa Integral Catalana habría sido impensable sin mi trabajo.

Es llamativa la escasa exposición que la CIC tiene en los medios de comunicación: un proyecto que ya mueve cientos de miles de euros y cuenta con iniciativas muy sólidas a nivel industrial y de innovación apenas ha ocupado una o dos páginas en cinco años de actividad.

Los medios de comunicación por supuesto manipulan la información, pero no hacemos las cosas para ellos. A nivel alternativo está teniendo una repercusión planetaria, con movimientos sociales replicando nuestras iniciativas y tomando todo aquello que nos funciona a nosotros. Cuando la CIC haga impacto en cuestiones que afecten a la mayoría de la población quizá empiecen a hacer más caso, pero de momento no es lo más importante.

A casi cinco años de su fundación, ¿qué te ha sorprendido más del desarrollo de la Cooperativa Integral Catalana?

Es un trabajo de mucho tiempo, por lo que elegir algo en concreto es difícil, pero todavía hay mucho por hacer en cuanto a relaciones humanas.

¿A qué te refieres?

Hemos hecho mucho énfasis en hacer comunidades sostenibles y es difícil gestionar los conflictos que se dan en una comunidad. La búsqueda de vida en comunidad existe pero, al mismo tiempo, muchos seres humanos no están preparados para llevar una vida completamente en común; a eso me refiero con que tenemos mucho trabajo por delante. A veces los proyectos en red funcionan mejor.

Benjamin Tucker solía decir que no estaba interesado en las ideas que no puedan aplicarse a la gente que se cruzaba todos los días en la calle. Las comunidades sostenibles suelen reunir a personas muy politizadas, es difícil generalizar esas experiencias en proyectos más transformadores, ¿no te parece?

A veces surgen de gente que no está tan concienciada, sino que tiene más necesidad por vivir en comunidad; y, cuando se juntan los problemas personales con los problemas económicos, es muy posible que todo eso se traspase a la experiencia comunitaria. Hay que tener claro que al principio se debe dar más a la comunidad de lo que se recibe, por lo que si no hay conciencia es difícil que pueda funcionar. En ese sentido creo que es mejor pensar una sociedad con diversidad de proyectos, donde cada persona pueda elegir el modo en que quiere vivir.

¿Cuál es el principal reto al que os enfrentáis desde la Cooperativa Integral Catalana?

No sé si el principal, pero uno de ellos puede ser el de seguir incorporando facilidades tecnológicas que puedan ayudar a la cooperativa. Hace cinco años no se podía imaginar mucho de lo que está sucediendo, por lo que debemos ser capaces de incorporar esa innovación en beneficio de nuestros sistemas de autogestión, con mente abierta. El proyecto de transición hacia los Commons junto a la P2P Foundation me parece muy interesante para trabajar en ese camino.

¿De qué trata ese proyecto?

Bueno, a grandes rasgos se trata de movernos desde una economía capitalista basada en el beneficio privado a una nueva forma de economía donde el foco principal es lo común. Hay muchos ejemplos de recursos comunes. El conocimiento libre es común y se está expandiendo; cada día hay más y más herramientas en esa línea. Pero lo difícil es organizarlo como todo un sistema o como una forma de vida vinculada al procomún; eso todavía no es común debido a que el procomún es obra de gente voluntaria, o con alguna clase de financiación específica, pero no está conectado como un sistema. El proyecto se trata de remar en esa dirección.

El mercado como proceso para asignar recursos ha sido tradicionalmente demonizado por los movimientos sociales, y uno podría pensar que sucede lo mismo en la CIC. Pero no es así.

El mercado tiene como positivo respecto a sistemas centralizados que con poco coste de mediación, de forma espontánea, resuelve la necesidad de unir oferta y demanda. Eso creo que es un invento bueno para la sociedad, por eso ha perdurado sobre muchos otros modelos sociales y económicos. Otra cosa es que en ese mercado prime la cultura de la solidaridad y el apoyo mutuo o la competencia y el individualismo. Se puede tener una aproximación comunitarista, que es complementaria al mercado.

El director del OMMA, Gonzalo Melián, decía en una entrevista reciente para Libre Mercado que la reindustrialización, una idea que circula mucho en los últimos años como medio para mitigar el paro y la precariedad, plantearía graves problemas de contaminación en nuestras ciudades. ¿Se pueden reconciliar reindustrialización y ecología?

Por supuesto, pero debemos pensar la fabricación desde paradigmas nuevos como el makers movement, las impresoras 3D, etc., que a nivel de impacto ecológico implican una mejora sustancial respecto a la industria tradicional. Tenemos que transformar la forma en que producimos.

Kevin Carson opina que en un horizonte no muy lejano las nuevas tecnologías podrían descolgarnos del capitalismo incluso sin necesidad de una revolución política; por ejemplo, produciendo a través de internet o las nuevas tecnologías de producción descentralizada.

En realidad los cambios políticos y económicos son complementarios. Pero está claro que los cambios políticos no vendrán de medios tradicionales sino de formas descentralizadas como las tecnologías P2P, con las que podemos evitar la formación de burocracias.

¿Qué opinas de los sistemas de democracia virtual como Ágora Voting, utilizado incluso por PODEMOS?

Creo que no es necesario hacer todo a través de la democracia directa o participativa; también se pueden utilizar sistemas de reputación que generan diferentes tipos de responsabilidades por parte de los usuarios. Por ejemplo, Blablacar emplea un sistema de reputación donde tú votas a los diferentes conductores según cómo te haya ido el viaje, lo que no quiere decir que los sistemas políticos deban reproducir exactamente el mismo modelo de conductor-cliente. También se puede utilizar para promover proyectos de procomún, donde se tenga en cuenta el historial de la persona.

Un debate que preocupaba mucho a los reformadores del pasado giraba en torno a cuál es el pilar clave del capitalismo. Marx sostenía que se encontraba en el poder de la industria —en las economías de escala, diríamos hoy: es decir, en la capacidad de producir más barato conforme se produce a mayor escala, lo que conduciría irremisiblemente al monopolio—; Proudhon, que se encontraba en los privilegios —patrocinados por el Estado— del sector bancario, que transmitían la desigualdad al conjunto de la sociedad como una correa de transmisión.

En una economía financiarizada como la actual está claro que los medios de producción industriales no determinan quién ostenta mayor poder. Las claves para entender lo que sucede en el capitalismo de este siglo están en el privilegio de creación de dinero bancario mediante crédito y en el hecho de que este crédito bancario vaya destinado en más del 80% a inversión no productiva. Para superar el sistema actual, otra banca puede ser una herramienta útil, pero en el postcapitalismo que imagino habría que ir más allá y descentralizar la creación de crédito, facilitando que sea un procomún, es decir, un recurso público accesible a todos los seres humanos. Son los propios conceptos de dinero y moneda los que deben transformarse para que podamos aprovechar todo el potencial que tenemos para construir una economía que nos lleve a una sociedad empoderada, libre y equitativa.

En teoría, el crédito depende del ahorro, ¿cómo puede convertirse en un procomún?

Hoy en día el crédito precede al ahorro: los bancos centrales prestan dinero y a continuación ese dinero puede ahorrarse o no. En mi opinión, el crédito además de ser público debería gestionarse de un modo descentralizado, sin necesidad de un ente central que diga quién tiene acceso a crédito y quién no, al estilo de un banco, con medios para que la gente decida de un modo descentralizado. Esa es la vía que estamos trabajando en Faircoin y Faircredit.

¿Crees que las páginas de préstamos persona a persona, como Comunitae, avanzan en esa dirección?

Creo que son más bien un ejemplo de capitalismo netárquico, es decir, basado en la red. Pero desde el punto de vista cooperativo podemos utilizar esas herramientas, dándoles un perfil orientado al bien común y no al beneficio privado.

Me cuesta imaginarlo.

Habría criterios que se utilizarían en el software, desde que sólo haya un humano detrás de las solicitudes, hasta la promesa de producción, o el crédito basado en stock que tenga algún valor, sea propio o de alguien que lo cede. También se puede basar en sistemas de reputación, hay muchas opciones.

Pero, ¿qué garantizaría la sostenibilidad del sistema? Es decir, que todos los préstamos estén respaldados en ahorro, para no crear inflación.

El crédito en nuestros días no proviene del ahorro; son los bancos quienes crean dinero de la nada. Un sistema procomún de crédito podría ser circular, de modo que se destruyera el dinero una vez devuelto a la fuente del préstamo.

Ahí entran las criptomonedas

El problema de las criptomonedas es que la masa monetaria no se contrae ni se expande. Son importantes en un primer momento para la descentralización a través del blockchain, pero no ocuparían un lugar central en el sistema económico que estamos comentando. En todo caso serían un puente tecnológico para las nuevas tecnologías que estas criptomonedas aportan.

Me comentabas hace poco que estás trabajando en el lanzamiento de una nueva criptomoneda, el Faircoin.

Se trata de una herramienta que iría en la dirección de conducir a un nuevo sistema económico, pero que no es el sistema económico en sí mismo. Por una parte nos sirve para aprovechar el sistema económico de las criptomonedas, adaptándolos al faircoin, y nos permite adaptar el capital social con herramientas cooperativas como el fairpay, etc. Desde el ámbito cooperativo podemos introducir mejoras en el blockchain, en el sentido de hacerlo más eficiente mediante la cooperación, lo que generaría consecuencias que nos serán útiles en futuros proyectos.

¿Qué opinión te merece la idea de introducir una renta básica a través de las criptomonedas?

Los sistemas descentralizados pueden ser la solución para generar sistemas de renta básica en el futuro; reducen mucho los costes de hacerla posible al sustituir sistemas centrales burocráticos por sistemas de democracia directa y reputación.

Como promotor del periódico Podemos! Vivir sin capitalismo —inspiración más que probable para el partido del mismo nombre—, siempre he tenido curiosidad por saber cómo ves a la formación de Pablo Iglesias. Es evidente que han tomado muchas ideas de los movimientos sociales de base, pero al mismo tiempo su propuesta de funcionarización y estatalización de la sociedad es una amenaza para quienes generáis espacios de autonomía.

Desde lejos, en el sentido de que llevamos caminos muy distintos. Pero en cierto modo es difícil opinar, dado que su partido está orientado únicamente a estrategias de toma de poder. Si llegan al poder se podrá analizar si son productivos de alguna forma; por ahora su estrategia de comunicación va dirigida a captar a las masas y obtener sus votos, por lo que es difícil saber qué sucederá.

¿Eres escéptico?

Como no espero nada, dado que mis desarrollos van en la dirección de superar los modelos de Estado, lo veo desde la barrera. Los sistemas centrales de gobierno no forman parte de mi política, es como un juego paralelo. A nivel defensivo puede ser diferente enfrentarse al PP y a PODEMOS, en ese sentido se pueden crear espacios de convivencia y respeto mutuo; pero lo veo desde lejos.

Puedes encontrar esta entrevista impresa en el Nº1 de la Revista STIRNER.

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