Publicado en el libro Individual Liberty: Selections From the Writings of Benjamin R. Tucker (Vanguard Press, Nueva York, 1926).

El Sr. Henry Appleton, quien originalmente fuese uno de los editores de Liberty, se vio obligado a dejar esa posición al apartarse del punto de vista del editor en un tema de gran importancia. Posteriormente intentó explicar su opinión. Respondiéndole, Benjamin R. Tucker examina algunas cuestiones esenciales[1].

La única condición que yo admito para la soberanía del individuo es la existencia del individuo mismo. Decir que tal soberanía es condicionada por la Libertad es, simplemente, otra forma de decir que es condicionada por ella misma. Condicionarla por el principio de costo equivale a instituir el principio de costo a través de la autoridad estatal. Esto equivale a pretender una fusión de anarquismo con socialismo de Estado, algo contra lo cual, tengo entendido, el Sr. Appleton siempre se ha rebelado.

Es verdad que, lógicamente, la afirmación de la soberanía individual precede a la protesta contra la autoridad en cuanto tal.Pero en la práctica son inseparables. Para protestar contra la autoridad estatal es necesario afirmar la soberanía individual.El anarquista lleva siempre su base de suministros con él y no puede luchar si la abandona. En el momento en que lo hace, se convierte en un arquista. La protesta contiene en sí toda la afirmación. Tal como he señalado al Camarada Lloyd, la anarquía no tiene lado «afirmativo» en el sentido de «constructivo». Ninguno de nosotros como anarquistas o —lo que es prácticamente lo mismo— como individuos soberanos tiene ningún trabajo constructivo que hacer, aun cuando, como seres progresivos, tengamos bastante. Pero si gozáramos de libertad perfecta podríamos, si así lo quisiéramos, permanecer absolutamente inactivos e inmoviles y aún así seguir siendo individuos soberanos. Las poco envidiables experiencias del Sr. Appleton no se deben a ningún error mío sino a su propia tontería al insistir en su trillado lamento por la «construcción», que no deja de ser un sinsentido aún viniendo de los labios de un juez de la corte.

Yo sostengo mi afirmación de que los Comunistas de Chicago no son completamente anarquistas en la base de que el anarquismo es una protesta contra cualquier forma de invasión (mostraré en el siguiente párrafo por qué esta definición es etimológicamente correcta). Aquellos que protestan contra el Estado político existente —y nótese que enfatizo aquello de «existente»— no son anarquistas sino arquistas. Al objetar una forma especial o método de invasión, tácitamente aprueban la justicia de alguna otra forma o método de invasión. Proudhon nunca luchó contra un Estado en particular. Combatió la institución en sí misma como necesaria e inevitablemente negativa para la soberanía individual, sea cual sea la forma que tome. Su uso de la palabra anarquismo muestra que lo consideraba coextensivo con la soberanía individual. Si dirigió sus principales ataques contra la política gubernamental esto se debió a que consideraba a la misma como el único invasor de la soberanía individual del cual valía la pena hablar, al no tener conocimiento de la «filosofía comprensiva» del Sr. Appleton, que cree haber descubierto «la vasta montaña de gobierno existente fuera del Estado organizado». La razón por la que Most y Parsons[2] no son anarquistas, mientras que yo sí lo soy, es que su comunismo es otro Estado, mientras mi cooperación voluntaria no es, en absoluto, un Estado. Existe una forma muy fácil de darse cuenta de quién es anarquista y quién no lo es. Una pregunta lo decidirá rápidamente: ¿Cree o acepta usted alguna forma de imposición por la fuerza sobre los humanos? Si acepta alguna, usted no es un anarquista. Si no acepta ninguna, usted es un anarquista. ¿Qué pregunta puede ser más fiable y científica que ésta?

Anarquía no significa simplemente oposición al arjos o líder político. Significa opuesto al arjé. Ahora bien, arjé, en su primer sentido significa ser, origen. A partir de ahí pasa a significar un principio fundamental, un elemento. Luego, primer lugar, poder supremo, soberanía, dominio, mando, autoridad y, finalmente, una soberanía, un imperio, un reino, una magistratura, una oficina gubernamental. Etimológicamente,por lo tanto, la palabra anarquía puede tener varios significados, entre ellos, tal como el Sr. Appleton señala, ausencia de principio directriz. Nunca he objetado este uso de la palabra y siempre he intentado, por el contrario, interpretar de acuerdo a esta definición el pensamiento de quienes la utilizan así. Pero la palabra anarquía como término filosófico y la palabra anarquistas como nombre de una secta filosófica fue utilizada, primero que nada, en el sentido de oposición al dominio, a la autoridad y fue sostenida así por derecho de primer ocupante. Por lo tanto, cualquier otro uso filosófico del término es impropio y confuso. En consecuencia, al no considerar el Sr. Appleton que la esfera política es coextensiva con el dominio o la autoridad, no puede clamar que la anarquía, cuando se extiende más allá de la misma, significa necesariamente ausencia de principio directriz, ya que puede significar, y por apropiación significa, sin dominio, sin autoridad. En consecuencia, es un término que abarca, científica y totalmente, la protesta individualista.

Difícilmente podría nombrar una palabra de la cual se haya abusado más, y que haya sido malinterpretada en mayor grado, que ésta de «Individualismo». Éste es un punto que, en relación al tema de las sectas protestantes, se vuelve tan manifiestamente en contra del Sr. Appleton, que verdaderamente resulta risible ver que intente usarlo contra mí.Sin embargo, nada impide que esté con las sectas Protestantes. El gran cuerpo Protestante nació de la protesta, fue amamantado y nombrado por ella, y vivió en la protesta hasta que sus días de utilidad terminaron. Si estos casos demostraran algo, sería precisamente lo contrario de lo que el Sr. Appleton defiende. Como ejemplo, tomemos uno de fecha más reciente. Podría inquirir quiénes contribuyeron más a la liberación de los esclavos, los que se nombraban a sí mismos como el Partido de la Libertad o los Colonizadores o quiénes, a través de sus protestas, se dieron a conocer como la Sociedad Antiesclavista o como Abolicionistas. Indudablemente los últimos. Y cuando la esclavitud humana en todas sus formas haya sido derrocada, imagino que el crédito de esta victoria será otorgado exclusivamente a los anarquistas, y que estos colonizadores de última hora de quienes el Sr. Appleton se ha vuelto repentinamente tan enamorado, parecerán tan inocentes respecto a la misma como sus predecesores y homónimos lo fueron respecto al derrocamiento de la esclavitud.

Es lamentable que el Sr. Appleton ocupe tanto espacio tratando otros temas que ya no pueda arrojar un «rayo de luz» sobre mi «engaño» según el cual el Estado es la causa eficiente de tiranía sobre los individuos. Pero saber si esto es o no es un engaño es el verdadero corazón del tema que nos ocupa. Él ha sostenido categóricamente que existe una inmensa montaña de gobierno fuera del Estado organizado y que nuestra batalla principal debe dirigirse contra ella. Por el contrario, yo he sostenido que prácticamente toda la autoridad contra la que debemos luchar es ejercida por el Estado, y que una vez que hayamos abolido el mismo, el forcejeo por la soberanía del individuo estará muy cerca de su fin. Yo he dicho que el Sr. Appleton, para mantener su posición, debe mostrarnos esa inmensa montaña de gobierno y decirnos claramente qué es y cómo actúa. Y eso es, precisamente, lo que los lectores de Liberty han estado esperando verle hacer. Pero, lamentablemente, no lo ha hecho en su último artículo en mayor grado que en el primero. Y su único esfuerzo para refutar mi tesis de que el Estado es la causa eficiente de tiranía sobre los individuos se reduce a tres o cuatro frases que terminan en la conclusión de que la causa inicial es la rendición del individuo. Nunca he negado tal cosa y es verdaderamente encantador ese aire de inocencia con el que se sustituye el término eficiente por el término inicial. Sobre las causas iniciales nuestra inteligencia finita no sabe nada. Únicamente puede saber si las causas son más o menos remotas. Sin embargo, utilizando la palabra «inicial» en el sentido de «más remota», estoy dispuesto a admitir, para seguir el argumento (aún cuando esto no es una cuestión fija) que la causa inicial sea la rendición del individuo. Indudablemente el Sr. Appleton cree en una rendición voluntaria del individuo pues una rendición compulsiva implicaría la existencia de un poder que lo exija o una primitiva forma de Estado. Pero el Estado, aún habiéndose originado en tal rendición voluntaria del individuo, se transforma en una institución positiva, fuerte y en crecimiento, que traspasa sus propios límites y se expande, ya no a través de sucesivas rendiciones voluntarias, sino a través de las rendiciones que exige a los individuos. Una institución que, finalmente, sólo retrocede ante rebeliones sucesivas. Pero esto es, precisamente, lo que el Estado es hoy y por eso es la causa eficiente de tiranía. Por lo tanto, el único sentido en el que puede ser cierto aquello de que «el individuo es el objetivo apropiado de reforma» es el de que éste debe empaparse de la idea anarquista y debe aprender a rebelarse. Pero no es esto lo que el Sr. Appleton dice. Si lo fuera, su crítica no vendría a cuento ya que yo nunca he defendido otra manera de abolir el Estado. La lógica de su posición nos conduce a una interpretación distinta de sus palabras. A saber, que el Estado no podrá desaparecer hasta que el individuo se perfeccione. De esta manera, el Sr. Appleton se da la mano con esas personas sabias y prudentes que reconocen que el anarquismo será factible cuando llegue el milenio. Es un abandono completo del socialismo anarquista. Sin duda, si el individuo pudiera perfeccionarse aún cuando las barreras a esa misma perfección siguieran en pie, el Estado podría desaparecer inmediatamente después. Quizás pudiera también subir al cielo, si fuera capaz de elevarse sobre sus polainas.

Según el Sr. Appleton uno debe estar a favor de la colonización, o localización[3], tal como él la llama, si es que quiere ser tomado «en serio» al tratar estos temas. En consecuencia, él debe haber estado de broma durante mucho tiempo, ya que ha combatido la colonización con muchísima más energía que yo. Y sólo relativamente tarde pareció comenzar a tenerle alguna simpatía. Incluso entonces declaró que no se entregaba a la idea y que sólo estaba realizando una pequeña tentativa en una región que antes no había explorado. Si finalmente se ha transformado en un colono, eso sólo indica que todavía no ha investigado la causa real de la miseria de las personas. Esta causa es la interferencia del Estado con los procesos económicos naturales. Las personas son pobres, robadas y esclavizadas no porque «la industria, el comercio y la vivienda se hallan centralizados» —de hecho, tal centralización, en su conjunto, resulta muy beneficiosa para ellas— sino porque el control de las condiciones bajo las cuales la industria, el comercio y la vivienda se ejercen y disfrutan está centralizado. La relocalización que se necesita no es la de las personas en el espacio sino la del poder en las personas. Esto es, la restricción del poder a uno mismo y la abolición del poder sobre los demás. El Estado hace las mismas cosas en el campo que en la ciudad, el capital clava las garras de la usura con tanta seguridad en la granja como en el taller y las opresiones y exacciones[4] del gobierno y el capital no pueden evitarse por medio de la migración. El Estado es el enemigo y sólo pueden hallarse los medios óptimos para luchar contra él en comunidades ya existentes. Aún cuando no existiera otra razón para oponerse a la colonización, ésta sería suficiente.

  1. Este escrito presenta algunas alusiones que, por el momento, nos resultan imposibles de aclarar. Aun así, creemos que el sentido general se comprende. (N. del T.)
  2. Johann Most y Albert Parsons, dirigentes anarcosindicalistas. Parsons fue uno de los Mártires de Chicago. (N. del T.)
  3. Localización se puede interpretar como descentralización. Appleton defendía una mayor descentralización de la población, que consideraba como un paso importante para el cambio social. Tucker rechazaba esta tesis. (N. del T.)
  4. Exacción: Acción de cobrar impuestos por parte del Estado. Cobro injusto o violento. (N. del T.)

Relato del mes

Cada mes publicaremos un relato corto diferente.

Salieron de allí y vagaron por el casco antiguo junto a Marlon, ecuatoriano, antiguo compañero de mil batallas de Edu, a quien en una noche de setas le había agarrado la pierna a tiempo, cuando más de la mitad de su tronco ya asomaba por la cornisa. Habían pasado a por él cuando salía de su turno en un vetusto y reputado bar céntrico.