Capítulo IV: Ochoymedio

Madrid es el gran purgatorio, un punto de encuentro definitivo para la especie humana. El lugar donde se reúnen los que deciden empezar a morir, proceso que puede extenderse toda una vida. Y allí conviven todos ellos, los vivos y los muertos, apoyándose en la transición.

Descubrí una profunda tristeza al marcharme, pues debía despedirme de algunas personas con las que me había sentido cómodo durante mi reducida estancia en la capital. Dos de ellos eran también estudiantes de intercambio, procedentes de Norteña, que había conocido pocos días después de recoger las llaves del piso, despegar el celofán de las cajas, llenar la nevera con cerdadas, etc. Superada una primera fase de indiferencia espontánea a la que fui sometido, supe que aquella amistad duraría para siempre, porque así es la gente del norte. Ánder era un aspirante a broker navarro, introvertido, puntilloso y aficionado al automovilismo y las videoconsolas. Janette, tras una vida en Getxo, vino a Madrid para apreciar el arte y aterrizó temerosa, por si alguno de sus actos pudiera reportarle felicidad inmediata. También teníamos otro amigo que había nacido en una isla, se llamaba Padro.

Padro despierta entre brumas tras una de las noches más largas del verano. La destrucción voluntaria de los recuerdos le conmina a recomenzar el camino de la vida, queda transportado hacia esa época en que los adultos le miraban y no había gris en sus ojos. Pero esto sólo ocurre mientras se queda agazapado sobre el colchón, temblando con la tibieza de los días claros; después baja las escaleras, cruza el portal, atraviesa la calle, mira ese pivote blanco y le impacta la certeza de que no hay literatura a dos metros bajo tierra.

Los focos del Ocho y Medio iluminaban parcialmente la sala, señalaban el fin de una era con Boys Don’t Cry amargando de fondo. Por suerte, a las seis de la mañana todos somos prácticamente invencibles. El aire templado y seco de mediados de junio flotaba sobre las calles de Madrid y una remilgada luz matutina se desperezaba tímidamente por los gastados edificios de Malasaña. No pudimos reconocernos cuando, en la salida, desparramados entre las macetas, nos cogimos en círculo y empezamos a desprender alcohol por los ojos. Pero no quedaba tiempo para la poesía, estábamos completamente destrozados y, esto era seguro, no había nada más que pudiera hacerse en esta ciudad por ahora, así que nos dijimos adiós y me lancé tembloroso hacia el primer vagón de la Línea 1 de metro. En su interior correteaban unas niñas que apenas alcanzarían la mayoría de edad y no paraban de emitir insoportables grititos agudos; mis tímpanos no estaban preparados para esa frecuencia y quise se murieran, pero son sólo niñas, pensé. Dos señoras conversaban a mi derecha, ajenas al escándalo, con la sensación de integridad que proporciona saber que tú ya has dormido.

—Los borrachos al llegar a casa, para que no les regañen, regañan primero —dijo una de ellas.

Introduzco la llave en la cerradura de abajo y después en la de arriba para coger las maletas, las he dejado preparadas por la tarde. No hay espejos en mi habitación, mi reflejo me incomoda, no quiero que me persiga. Cierro la puerta y me detengo un instante en el primer giro de llave, pero completo el movimiento; llamo al ascensor con la esperanza de no haber olvidado algo importante y subo al vagón, que ahora circula sobre las vías en sentido contrario.


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Capítulos

I. Nick Cave (and the seeds)
II. Las nuevas dimensiones del tablero
III. Dictadura química
IV. Ochoymedio
V. Fabrizio
VI. Sombras alargadas

VII. Odio París
VIII. Hors catégorie
IX. Truskel
X. Un día de abril
XI. Laboratorio en llamas
XII. Nuevo Mundo
XIII. El gañán de Vallecas
XIV. Sally Cinnamon
XV. Anfield Road
XVI. True Love Waits
XVII. Vino Tinta
XVIII. El hombre del asfalto
XIX. Verano
XX. Pequeño Speedy
XXI. Swissburger
XXII. Toda la noche conduciendo
XXIII. De Wallen
XXIV. Oro, incienso y mirra
XXV. Impostores
XXVI. La noche que lo cambió todo
XXVII. Mantequilla
XXIII. Broen
XXIX. Intelectuales
XXX. La ciudad púrpura
XXXI. Síii
XXXII. Crujidos
XXXIII. El ascenso al monte Petřín
XXXIV. Gato esquivo
XXXV. La fiesta nacional
XXXVI. Ser joven
XXXVII. Mediterráneo