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Capítulo I: Nick Cave (and the seeds)

No pensábamos hacer nada especial en verano. Quizá ir un par de veces a la playa, cenar de vez en cuando, tomar cervezas en el Steve y, por lo demás, estar tirados en el sofá hasta que el calor nos despegara del suelo. Silva no había terminado aún la carrera y a mí me quedaba un año, así que estábamos inmersos en el clásico hastío del universitario medio, y llevábamos una vida absolutamente normal para dos jóvenes que irrumpían en la veintena, a saber: dificultades económicas leves, una especie de misantropía que no impedía sin embargo mantener a los buenos amigos y, claro está, varias relaciones fallidas a la espalda —mi último compromiso estaba a punto de terminar con estrépito—. Pero la normalidad se presentaba por entonces como una especie de escándalo, una amenaza que resultaría definitiva cuando nos alcanzase de lleno. Quizá porque empezaba a percibir que mi vida no conducía a ninguna parte, en una de aquellas soporíferas tardes en las que me quedaba pasmado frente al monitor haciendo scroll sobre las últimas novedades de Facebook, abrí la conversación de mi buen amigo Silva y le propuse hacer el viaje de nuestras vidas.

Podría habérselo pedido a otro, pero los animales heridos olemos la sangre y definitivamente Ignacio Silva era el único, de entre los vivos, que podría cometer una locura tal, crear materia a partir del cansancio. Así que aceptó sin pensarlo y, de pronto, como si la fragancia hubiese estado siempre tras la puerta, embriagados ahora con la decisión de abrirla, nuestras mentes se convirtieron en un hervidero de propuestas delirantes, ensoñaciones que hubieran sido vinculantes con la realidad de no haber existido una muralla que se nos aparecía infranqueable ante nosotros: no teníamos ni un euro y, por desgracia, tampoco vivíamos en los Estados Unidos de Truman, donde la combinación de un pulgar y una sonrisa permitían subsanar casi todos los retos que una árida carretera secundaria proponía. Pero esta travesía continental ya había infectado nuestro ánimo y pasó a ser el único fin relevante en nuestras vidas; nada tras ella importaba realmente, y así se lo hice entender a mis padres al llegar de nuevo a casa, cuando les comuniqué que iba a desperdiciar todas mis oportunidades de futuro en un estúpido viaje alrededor de Europa.


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Capítulos

I. Nick Cave (and the seeds)
II. Las nuevas dimensiones del tablero
III. Dictadura química
IV. Ochoymedio
V. Fabrizio
VI. Sombras alargadas

VII. Odio París
VIII. Hors catégorie
IX. Truskel
X. Un día de abril
XI. Laboratorio en llamas
XII. Nuevo Mundo
XIII. El gañán de Vallecas
XIV. Sally Cinnamon
XV. Anfield Road
XVI. True Love Waits
XVII. Vino Tinta
XVIII. El hombre del asfalto
XIX. Verano
XX. Pequeño Speedy
XXI. Swissburger
XXII. Toda la noche conduciendo
XXIII. De Wallen
XXIV. Oro, incienso y mirra
XXV. Impostores
XXVI. La noche que lo cambió todo
XXVII. Mantequilla
XXIII. Broen
XXIX. Intelectuales
XXX. La ciudad púrpura
XXXI. Síii
XXXII. Crujidos
XXXIII. El ascenso al monte Petřín
XXXIV. Gato esquivo
XXXV. La fiesta nacional
XXXVI. Ser joven
XXXVII. Mediterráneo